Es una ilusión.

El Café Haiti de Santiago de Chile, es un lugar tradicional en donde los oficinistas, hombres y mujeres de negocios, desocupados (as) y muchos solitarios (as) y turistas acuden a tomar café servido por despampanantes mujeres con minivestidos, que dejan entrever el apellido. En el Mostrador.cl dicen que estos lugares se han multiplicado y que algunos establecimientos ya ofrecen las modelos en ropa interior. Están lleno de colombianas y venezolanas en busca de mejores días. Son negocios exitosos y no replicables pues hemos visto en otros países emprendedores sabiondos fracasar con iniciativas similares, al menos no tienen el atractivo del paseo Ahumada o definitivamente son derivaciones que ya tienen otro carácter. Estos negocios permanecen y prosperan, a pesar de que los clientes deben tomarse su café parados, fumando y fingiendo una conversación distraida con un amigo o amiga mientras las hormonas cumplen con su deber y sólo acceden a calmarse cuando su propietario se abandona al onanismo desenfrenado en su soledad. Las muchachas, muchas de la cuales son profesionales, saben lo que venden: ilusiones.

El reportaje de El Mostrador me recordó Facebook: el mayor vendedor de ilusiones del mundo que ahora quiere incorporar a los niños a esa gigante bola de mierda, que sólo sirve para llenar los bolsillos de sus dueños como lo declara el libro “La trampa de las redes sociales”.

Facebook funciona porque explota dos pecados capitales: la soberbia (lease vanidad) y la envidia. En la mitad de la ecuación están los famosos likes. En vez de proyectos de vida memorables, hay quienes buscan likes. Más likes, más vanidad de unos y más envidia de otros, cuando no se trata de compartir máximas lacrimales sobre árboles y perros. Hay la ilusión pasajera de bienestar (y de malestar). A pocos les importa que las fotos y las publicaciones sean tomadas en propiedad por los dueños de la red social quienes a su vez le venden a las empresas y a los emprendedores (azuzados por los especialistas en marketing digital) la idea de que ellos saben a qué publico llegar y cómo hacerlo, por lo tanto vale la pena que se gasten desde uno pocos hasta miles de dólares en publicidad. Es mágico, si quieres likes, los tendrás en la medida que te muevas. Si quieres que vean tu promoción o tu producto te doy vistas de manera generosa. ¿10.000? ¿50.000? ¿un millon? No lo puedo creer. ¿En serio? Ellos mismos proporcionan las estadísticas y nosotros quedamos con la ilusión adherida al cerebro. Si no se vende la culpa es mía y de mi producto, la red social no la tiene.

Facebook es una gigantesca maquinaria de vender humo y nosotros la alimentamos todos los dìas porque nos gusta vivir viendo las piernas de esas mujeres pechugonas e inabordables. Todos los días vamos a verlas y nos gastamos la plata en el costoso café para imaginarnos en la plenitud de una faena de cuja. Como el Haití, Facebook explota la boludez contumaz.


Mendelson, B.J. La Trampa de las redes sociales: donde sólo ganan los que la promueven. Barcelona, Ediciones Urano, 2013.


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